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El comunismo no volverá, ni libre ni utópico, traducción Carlos X Blanco

Algunos intelectuales utópicos se han empeñado en resucitar el comunismo con meras declaraciones de intenciones, con una retórica pomposa que, como suele ocurrir, es la única sustancia de la forma. Pero, como ya he dicho, no volveré a mencionarlos, en parte porque no pretendo dar publicidad a cierta literatura académica que sigue engañando a los jóvenes, pero, al parecer, también a viejos nostálgicos debilitados por la edad. La ciencia de la utopía es ciencia ficción, o peor aún, palabrería sistemática. No es añadiendo adjetivos a un sustantivo y creando un sustantivo compuesto como cambia la realidad. A esto se le llama palabrería, que quizás resulte muy atractiva para los ingenuos, pero afortunadamente no todos lo son todavía. Tras esta breve introducción, vayamos al meollo del asunto, como se suele decir. El comunismo, tal como lo teorizó Marx, jamás se materializará, y quienes intenten revivirlo con panfletos seductores —verdaderos señuelos, que, sin embargo, no creo que sean tan efectivos como lo fueron en el siglo pasado— no lograrán nada. Llegado un punto, incluso la gente deja de soñar, lo cual, como dijo Lenin, es el destino de los débiles. Quizás sigan deseando cosas nuevas, pero abandonarán aquellas desgastadas por el tiempo. Dado que ya he escrito sobre este tema, he recuperado las reflexiones de Gianfranco La Grassa al respecto, las cuales cito y resumo aquí. Hemos tenido profesores rigurosos que, con frecuencia, han tenido dificultades para ganar terreno porque las inflexiones, más que las reflexiones, tienen mayor impacto.

 

“Para Marx (vol. II de Teorías de la plusvalía), la relación capitalista crucial que denota la fase “final” del capitalismo, en la que se preparan las condiciones para la transición al comunismo a través de los vastos procesos de socialización de los procesos (y fuerzas) de producción, es la que existe entre el grupo rentista, por un lado, y el trabajador combinado (o trabajador cooperativo colectivo), por el otro. En el párr. 7 en el capítulo sobre la acumulación primitiva, Marx escribe que, una vez completado el largo y arduo proceso de transición de la producción simple de mercancías a la producción capitalista, con la expropiación de gran parte de los pequeños productores independientes y la creación de la primera relación capitalista entre el propietario de los medios de producción y el “propietario” de la fuerza de trabajo simple vendida como mercancía, se desarrollarían procesos impetuosos de socialización, combinados con la continuación de la expropiación de los capitalistas perdedores por parte de los ganadores, procesos que habrían llevado, mucho más fácilmente y en mucho menos tiempo, al surgimiento de las condiciones de posibilidad del comunismo, que solo habría requerido un movimiento ahora no difícil de “expropiación de los expropiadores”, con la creación de una propiedad efectivamente colectiva (poder de disposición) por parte de los productores asociados, desde el trabajo de gestión hasta los puestos ejecutivos más bajos.

La fase final de la centralización habría contemplado una relación entre un grupo de propietarios financieros, involucrados en las diversas estafas que Marx analiza, por ejemplo, en el volumen III de El Capital, al hablar de las sociedades anónimas, y la gran masa de trabajadores productivos «virtuosos» asociados en procesos objetivamente cooperativos. El primer grupo social, los rentistas, los propietarios de acciones y los especuladores, habría perdido cualquier función de organización de la producción que Marx atribuía al capitalista, aunque en una posición subordinada a la de propietario de los medios de producción. El plustrabajo/plusvalor habría adoptado la mera forma de interés, similar a una (cuasi) renta, de carácter financiero más que territorial. Recordemos lo que Marx escribió en las Glosas a Wagner sobre los capitalistas de la primera fase, quienes, al impulsar, mediante la competencia mutua, las innovaciones de proceso —y, por ende, el aumento de la productividad laboral y la extracción de plusvalía relativa—, contribuyeron a crear lo que luego extraerían en forma de plusvalía…

El conflicto entre los rentistas, en cambio, se habría librado por la distribución y el robo mutuo de la plusvalía ya creada por el trabajador colectivo, ahora autónomo en su función productiva; una autonomía que exponía el parasitismo de las (pocas) clases dominantes y que habría vuelto a toda la sociedad en su contra. Estos rentistas, como clase ahora minoritaria y despojada de prestigio y autoridad, se habrían defendido a través del Estado con sus instrumentos represivos y coercitivos; es decir, el Estado en el sentido marxista, mientras que los oportunistas intentaban presentarlo como un mero organismo administrativo, proclamando la visión utópica de Marx y Lenin sobre su extinción gradual si se produjera una transición real al comunismo.

 

La realización del comunismo, por lo tanto, no se confía a ninguna “buena voluntad” (“comunista católico”) de los hombres, sino que es algo obligatorio para los individuos que, más allá del hecho de que serán, como siempre, buenos y malos, egoístas y generosos, apegados a la materialidad de la vida cotidiana y dedicados a impulsos idealistas, etc., [usted sabe lo que está haciendo con la unificación de las demandas de todos los movimientos emancipadores civiles, sociales, ambientales, internacionales e interseccionales: antirracistas, transfeministas, “lgbtqapk+”, por los refugiados e inmigrantes, por los derechos digitales, por una prensa libre e independiente, por la abolición de la censura, por la libertad de pensamiento, reunión, asociación, protesta, por la justicia climática. ¿Compartir las necesidades de los discapacitados, los enfermos, los discapacitados mentales, los niños y los ancianos?] ahora desempeñan sus funciones características en la producción y reproducción de los fundamentos materiales de su vida social de manera necesariamente cooperativa, aunque algunos sean gestores y otros gestionados. Los individuos, como siempre, pueden amar, odiar, alegrarse, sufrir, ser agresivos, caritativos, etc. Sin embargo, no pueden eximirse, dada la forma en que las fuerzas productivas se organizan socialmente, desarrollándose cada vez más rápidamente una vez que se ha roto la coraza paralizante de las relaciones de propiedad privada capitalista, y debido a la estructura cooperativa de los procesos de trabajo, desde el rol gerencial más alto hasta el rol ejecutivo más bajo, de la progresión ineluctable hacia la propiedad colectiva y las relaciones sociales comunistas. Lo viejo resiste y trata de oponerse, la muerte vuelve a la vida, y debemos deshacernos de ella con métodos rudimentarios, de una nueva organización de la producción social obtenida a través de medios sobre los que los productores ahora tienen poder de disposición, incluso si estos no representan inmediatamente una colectividad cohesionada y meramente colaborativa, sino que existen jerarquías, diferentes tipos de roles y funciones, directivas y ejecutivos con diversas gradaciones entre sí, antagonismos y conflictos de intereses, lo que Mao más tarde llamaría contradicciones dentro del pueblo, etc.

 

Esta es la visión de Marx, que no tiene nada de utópica; es una predicción científica formulada a partir de la investigación de un modo de producción ya desarrollado significativamente en Inglaterra. Confiar en otros principios, como la esperanza o la «buena voluntad», etc., es una entrega total a los sueños, a deseos imaginativos desenfrenados. Es la vacuidad de los «comunistas» religiosos de hoy, que solo provocan rechazo…

 

La dinámica capitalista, sin embargo, no es la que teorizó Marx. La función del capitalista no se limita al aspecto financiero, mientras que la organizativa se mueve dentro del trabajo asalariado en la figura del trabajador combinado, a menudo mencionado. Este segundo movimiento se ha producido, hasta el punto de dar lugar a la formulación de Burnham sobre la revolución gerencial, que, sin embargo, ha resultado demasiado simplista. Los gerentes, los directores de producción e incluso los agentes de innovación nunca se han integrado en ninguna organización cooperativa laboral. Su papel se asemeja mucho más al de lo que Lenin denominó especialistas burgueses, a quienes la clase obrera, reducida a meros obreros, se habría visto obligada a emplear, pero en quienes nunca debió haber confiado. La permanencia de un Estado, una «dictadura proletaria», en su simple y gradual extinción, sirvió, entre otras cosas, para controlar este estrato social traicionero, esencial para la producción, pero considerado mucho más cercano a la propiedad que al trabajo asalariado.

El desarrollo capitalista global, que se produjo de forma intermitente a lo largo de importantes periodos históricos, no condujo en absoluto a la formación de la relación entre el grupo rentista y el trabajador colectivo, un precursor y condición de posibilidad, incluso de necesidad, para Marx, de la transición al comunismo. En cambio, mediante conflictos entre grupos de agentes capitalistas estratégicos, creó una serie de potencias nacionales que competían por la supremacía global. Las fisuras que surgieron en esta lucha dieron origen a las revoluciones «comunistas», que fluctuaron y fueron derrotadas en todas partes excepto en Rusia tras la Primera Guerra Mundial, pero que resurgieron con la Segunda Guerra Mundial, convencidas de que podían crear «algo» que, tras un largo proceso histórico de siglos, resultó ser completamente diferente de lo que se suponía y se deseaba. Además, y este es el punto crucial, las diversas potencias nacionales no parecen ser meras especificaciones de un único modo de producción capitalista estandarizado que se expande mundialmente, como predijo Marx. Las formas generales de los negocios y del mercado no pueden ocultar matices y tonalidades muy diferentes, sobre los que existen, a lo sumo, numerosos estudios con anotaciones empíricas, pero ni siquiera un tratamiento teórico mínimamente más general, y esto es extremadamente grave, especialmente para una correcta práctica política…

 

El conflicto de “clases”, que en cada país que se ha vuelto plenamente capitalista ha degenerado en una mera lucha por la distribución del ingreso y por la mejora de las condiciones de vida y de trabajo de diversos grupos sociales, que solo la pereza mental de los “marxistas” persiste en seguir considerando como clases, ha sido gradualmente reemplazado por el conflicto existente entre estas naciones-poder, incluso cuando una de ellas, Estados Unidos, ha obtenido la ventaja, ahora en cuestión…

 

En conclusión, podemos identificar, en el movimiento específico de la sociedad capitalista —y también deberíamos preguntarnos—, ¿existe un único capitalismo, un único modo de producción típico del capital en todas partes, la formación de elementos que, en su eventual y única concatenación reproductiva posible, configurarían un modo de producción cooperativo, basado en la propiedad social de los medios de producción, que representaría entonces el núcleo estructural interno de una formación social comunista, o de tendencia comunista? Esta sola pregunta hace justicia a todos los desvaríos aberrantes de los filósofos “humanitarios” que imaginan un comunismo de “buena voluntad”, del deseo de “hombres piadosos y justos”. Estas ilusiones son extremadamente peligrosas para los jóvenes, aún inexpertos y rebosantes de vagos idealismos.

 

En términos generales, en principio, me adhiero a la tesis de que el mecanismo reproductivo de una nueva relación, que caracteriza una nueva formación social, no surge dentro de una forma de sociedad anterior [aquí reside el error interpretativo de Marx, pero nada tiene que ver con las divagaciones de una supuesta ciencia de la utopía; dejen de jugar con las palabras y sean profesores serios]. Por lo tanto, esta última no lleva ya en sí misma la nueva forma, que debe nacer cortando, en la medida de lo posible, el cordón umbilical que aún la une a la antigua. La revolución sería entonces esta ruptura, que afectaría particularmente al Estado y a sus aparatos ideológicos, como último bastión que defiende a las clases dominantes de la antigua formación social. Siempre teniendo presente, de forma realista, que estas clases dominantes y su Estado no solo tienen funciones hegemónicas en el sentido cultural, sino que también están protegidos por el escudo coercitivo y represivo que representan los «destacamentos especiales de hombres armados». Por lo tanto, en cualquier caso, obtener simplemente una mayoría parlamentaria nunca es suficiente, ni tampoco lo es la penetración generalizada de los diversos medios de comunicación y órganos de difusión cultural, que siempre están impregnados de ideologías específicas.

Si el embrión de una nueva relación no se forma dentro de la antigua sociedad, ya preparada en la concatenación reproductiva de sus elementos constitutivos, es evidente que, a pesar de la aparente continuidad en la historia humana, debe producirse una interrupción, una interrupción en la reproducción de la antigua relación según su «legalidad» específica. En resumen, incluso dentro de la continuidad de la historia, se presenta una singularidad, un punto de inflexión que, sin embargo, inicialmente es solo potencial. Dentro de esta singularidad, no obstante, pueden estar presentes ciertos elementos —estos, evidentemente, creados dentro de la antigua sociedad— que son capaces, una vez que se encuentran e interconectan, de dar origen a una nueva formación social, caracterizada por una «legalidad» diferente, es decir, por la reproducción de una nueva relación, una nueva estructura de relaciones. Es precisamente el encuentro de estos elementos lo que no tiene necesidad histórica, sino mera posibilidad, cuya probabilidad estadística ni siquiera puede calcularse.

Comparto estas tesis, pero no dicen nada sobre la existencia de elementos que, formados dentro de la sociedad capitalista actual, podrían confluir y entrelazarse en un mecanismo reproductivo de tipo comunista, o mejor dicho, en una transición al comunismo. Les guste o no a los «comunistas de corazón», ciertos elementos son fundamentales para comprender el desencadenamiento reproductivo de nuevas relaciones sociales, que constituyen la estructura de una formación social orientada hacia el comunismo. Y estos elementos no difieren fundamentalmente de los que Marx vislumbró; ciertamente, no se equivocó en este punto…

Mientras tanto, es claro que deben sentarse las bases para superar la producción de mercancías. Esto, sin embargo, no es impuesto por una planificación supuestamente imperiosa que emana de un organismo estatal, incapaz, de hecho, de realizar cálculos adecuados que son inevitables en la fase inicial, al menos hasta que los bienes fluyan abundantemente para satisfacer todas las necesidades. Más bien, es posible gracias al crecimiento del proceso de socialización de las fuerzas productivas y a la estrecha interconexión entre los diversos sectores productivos, en cierto sentido necesaria por esta socialización. La producción de mercancías no es negativa para la llamada alienación humana; esto ya es improbable en la producción de mercancías simple, y mucho menos en la producción capitalista, que es la verdadera y general producción de mercancías. Esta última, sin embargo, implica una feroz competencia entre empresas y los procesos sociales, no solo económicos, de centralización. Hablar de socialismo de mercado es una verdadera contradicción en los términos. Es ese “proudhonismo” contra el que Marx escribió más de una vez; Aquí me limito a dos líneas, capítulo 1. 22 del primer libro de El Capital, en la nota, “uno debería admirar la astucia de Proudhon que quiere abolir la propiedad capitalista afirmando contra ella… las leyes eternas de la producción de mercancíasâ€.

Consideremos a quienes, décadas atrás, tras la derrota del «socialismo real», propusieron el socialismo de mercado. Es increíble que su pensamiento se remonte a dos siglos atrás, a los socialistas premarxistas. Algunos hablan sin sentido sobre la alienación y tal vez creen que con la «buena voluntad» de hombres «justos» —es decir, ellos mismos— se puede combatir y vencer, dejando intacta la producción capitalista de bienes, que es lo que interesa a aquellos contra quienes pretenden luchar. No, uno de los elementos para la formación, aunque potencial, de una nueva relación con el comunismo es una socialización de la producción que genere elementos de posibilidad, convenientemente, respecto a la interrelación directa y equilibrada entre los diversos sectores productivos. Pero esto no basta; de hecho, es completamente insuficiente.

El elemento decisivo de una perspectiva cooperativa, que es la condición básica, necesaria aunque quizás no suficiente, para la posible, aunque no inevitable, formación de una relación comunista autorreproductora, es el establecimiento de dos elementos clave de dicha cooperación: a) una capa de líderes capaces de organizar y dirigir, a través de la innovación, los procesos de producción social, capaces de satisfacer necesidades crecientes, más ricas y más variadas; b) grupos sociales, dentro de la propia producción, coordinados entre sí, cuyo interés no es la mera extracción de mano de obra excedente, que no cae a disposición de la capa anterior, sino que permanece confiada a una distribución para usos sociales decidida por órganos “administrativos” no coercitivos, sino más bien el crecimiento de habilidades y un espíritu de iniciativa.

El comunismo no debe ser simplemente un modo de producción, sino también esto: debe representar el «núcleo estructural interno» de la nueva formación social, su inervación fundamental, la relación decisiva que caracteriza a toda la sociedad, reproduciéndola eficazmente. Así como el proceso del modo de producción social capitalista reproduce, en cada ciclo, por un lado, la propiedad capitalista, incrementada por la plusvalía, y por otro, la fuerza de trabajo, siempre vendida como mercancía, así también el modo de producción social comunista debe reproducir los elementos a) y b) mencionados anteriormente, consolidándose y expandiéndose con cada ciclo.

Ahora bien, tras este razonamiento serio, al que lamentablemente nos estamos desacostumbrando, háblenos de las tendencias inútiles, que nos han dado la impresión de un cierto sesgo irreprimible y necio, útil para quienes lo apoyan pero no para todos.

Il comunismo non tornerà, né libero, né utopico

Tra

ducción: Carlos X. Blanco.

 


Articolo del Sat, 18 Apr 2026 15:30:52 +0000
a cura di G. P.

analisi di fase attualità

¿Acaso Dios no está del lado de los agresores?, traducción Carlos X Blanco

Ni mucho menos pretendo dar lecciones de teología; no tengo las herramientas ni la inclinación. Pero el Señor, que también es el Señor de los ejércitos, al menos el del Antiguo Testamento, Dominus Deus Sabaoth, no desdeña la guerra. Y en la guerra hay quienes ganan y quienes pierden, atribuyendo la culpa del mal, sea cierto o no, a quienes sucumben, porque el bien y el mal son dos perspectivas distintas; se puede hacer el mal persiguiendo el bien, y el bien a través del mal.

Dios es violento —de hecho, se habla de castigo divino— y ciertamente misericordioso, pero necesitamos entender con quién, porque no tenemos pruebas que lo contradigan en este mundo terrenal. Y quienes vencen se perdonan y se absuelven. Pero si Dios existiera, y yo personalmente lo niego, sin duda desenmascararía a los falsos e idiotas que no comprenden cómo está construido el mundo que Él desea. Las guerras y la destrucción están a la orden del día y representan el hecho principal: el poder afirmado a través del conflicto, que genera los cambios más profundos. Y estos tienen como objetivo final alcanzar cierto dominio en todos los ámbitos de la vida. En la guerra, los hombres se vuelven ingeniosos, y después de la guerra, esos descubrimientos se convierten en avances civilizados. Mediante este dominio, se pueden lograr muchas cosas, incluso nobles o edificantes para la humanidad, o al menos para una parte de ella. El acoso es, por tanto, una superioridad adquirida en la lucha por la afirmación de las propias ideas y una visión (considerada mejor que la de los demás), que debe servir para guiar al mundo en la dirección deseada o hacia algo similar a la nuestra.

Sí, el mundo es del dominante, siempre lo ha sido y seguirá siéndolo, salvo cambios astrales y antropológicos que aún no se han producido. Si Dios existe, construyó este mundo de dominación, por lo tanto, a su imagen y semejanza. Digo dominación porque toda la historia es un cambio en las relaciones de poder. Esto es esencialmente lo que subyace a la vida, aunque nos guste contarlo de otra manera, gracias a la buena voluntad de las personas con las que nos encontramos, capaces de grandes arrebatos humanos, que, a veces, incluso pueden representar los de comunidades enteras. Pero la guerra, en diversas frecuencias y modulaciones, siempre llega y nunca cesa, porque siempre hay una forma de dominación que contrarrestar, otras que surgen para socavarla, incluso con todas las buenas intenciones que allanan el camino al infierno.

Lo cierto es que el conflicto es muy dañino; salimos heridos, muertos, humillados, pero tiene poco que ver con el mal en el sentido religioso o moral. Este es un hecho ineludible, y toda la historia que lo respalda lo demuestra: la del mundo animal y, por lo tanto, también la de los humanos (nosotros también somos animales, ni siquiera tan especiales), pero en un nivel mucho más “superior” para nosotros porque, como seres supremamente sociales (esto no es una declaración de superioridad, sino una simple observación), somos portadores de relaciones sociales, actores representados por ellas, sin equivalentes en el reino animal. Dios, si existiera, quien creó tal universo ni siquiera conocería el significado de la frase “ponte del lado de los agresores o del lado de los que no lo son”. Existe el acoso y todo lo que de él se deriva.

La vida es conflicto, y como dijeron La Grassa y muchos otros pensadores, éste devora otras vidas, no piedras. Por lo tanto, la vitalidad debe realizar ciertos actos que ni siquiera pueden interpretarse como arrogancia, pero que en realidad lo son, porque el conflicto nos impulsa a ser los primeros en conseguir algo que otros nos quitarían. Y así debemos hacerles a los demás, antes que ellos, lo que ellos nos harían a nosotros. Así que Dios no está con la arrogancia; está, en cualquier caso, únicamente consigo mismo, Él, que lo es todo, representa un reflejo de todo lo que vemos en este mundo. Mejor dicho, “está†y no “es†pues para mí, de hecho, Dios no existe. Sin embargo, en el mundo que creó, donde para sobrevivir no podemos hacer otra cosa que luchar por la vida, chupando sangre fresca, sometiendo a otros a un proceso que nos transfiere la sangre vital que necesitamos, no hay otra manera, del mismo modo que una araña no puede negarse a atrapar una mosca en su telaraña, devorándola poco a poco, con cuidado de no matarla inmediatamente para que no se seque, prolongando su sufrimiento y su propio sustento.

¿Crees que una araña es malvada? ¿O que alguien que defiende ciertas prerrogativas adquiridas que otro querría arrebatarle con el pretexto de un mundo mejor, tal vez su propio mundo mejor, es malvado? El mundo es grande, pero no lo suficientemente grande, evidentemente; nos fue dado así, o lo encontramos. Por eso, al final, Dios solo diría: “Vae Victis”. Quizás. Después de todo, el sapiens ya ha cometido muchos de estos actos brutales, incluso contra razas emparentadas, y cuando terminó con ellos, demostró que esa misma agresión no era tan discriminatoria, así que rápidamente aplastó —y estoy seguro de que incluso ocurrió simultáneamente con la lucha por la existencia contra los demás y el medio ambiente— incluso a los de su propia especie.

Pero ahora dicen que hemos evolucionado. ¿Y desde cuándo? Díganles eso a todos esos pueblos que aún hoy, ayer y mañana, han sido, son y serán exterminados, incluyéndonos a nosotros también. A quienes me dicen que tenemos razón y que podríamos actuar de otra manera gracias a la lógica y el logos, les respondo que estos son factores agravantes que nos hacen mucho más eficaces en todo, especialmente para prevalecer. ¿Y Dios en todo esto? Él no está del lado de los agresores, sino que participa en el acoso mismo, como en tantas otras cosas en este mundo.

Dio non sta con i prepotenti?

Traducción: Carlo

s X. Blanco


Articolo del Sat, 18 Apr 2026 11:37:58 +0000
a cura di G. P.

agorà

Il comunismo non tornerà, né libero, né utopico

Certi velleitari della cattedra si sono messi in testa di resuscitare il comunismo con mere dichiarazioni d’intenti, con una verbosità pomposa che, come spesso accade, è l’unica sostanza della forma. Ma, come detto, non li nominerò più, anche perché non intendo fare pubblicità a certa letteratura universitaria che continua a intortare i giovani, ma, a quanto pare, anche vecchi nostalgici resi deboli dall’età. La scienza dell’utopia è fantascienza o, peggio ancora, ciarla sistematica. Non è aggettivando il sostantivo e coniando un nome composto che la realtà cambia. Queste si chiamano chiacchiere che forse piacciono molto agli ingenui, ma fortunatamente non ancora tutti lo sono. Dopo queste brevi premesse veniamo alla ciccia, come si suol dire. Il comunismo, per come lo aveva teorizzato Marx, non si realizzerà e chi prova a resuscitarlo con i manifestini sensuali, veri specchietti per le allodole, che comunque mi pare non facciano più troppa presa come nel secolo scorso, non arriverà a nulla. A un certo punto anche la gente smette di sognare, che, come diceva Lenin, è la sorte dei deboli. Forse continuerà a desiderare nuove cose ma abbandonerà quelle consumate dal tempo. Poiché io ho già scritto, sono andato a recuperare il pensiero di Gianfranco La Grassa in merito, che qui cito e sintetizzo. Abbiamo avuto maestri professori rigorosi che, more solito, hanno faticato a farsi spazio perché fanno più presa le flessioni delle riflessioni.

 

Per Marx (vol. II delle Teorie sul plusvalore) il rapporto capitalistico cruciale che denota la fase “ultima†del capitalismo, in cui si preparerebbero le condizioni del passaggio al comunismo tramite i vasti processi di socializzazione dei processi (e delle forze) di produzione, è quello tra gruppo dei rentier, da una parte, e operaio combinato (o lavoratore collettivo cooperativo), dall’altra. Nel par. 7 del capitolo sull’accumulazione originaria, Marx scrive che, terminato il lungo e tormentoso processo di transizione dalla produzione mercantile semplice a quella capitalistica, con espropriazione di gran parte dei piccoli produttori indipendenti e creazione del primo rapporto capitalistico tra proprietario dei mezzi di produzione e “proprietario†di semplice forza lavoro venduta come merce, si sarebbero sviluppati impetuosi processi di socializzazione, uniti alla continuazione dell’espropriazione dei capitalisti perdenti da parte dei vincitori, processi che avrebbero condotto, assai più facilmente e in tempi molto meno lunghi, all’emergere delle condizioni di possibilità del comunismo, che avrebbe chiesto solo un ormai non difficile movimento di “espropriazione degli espropriatoriâ€, con la creazione di una proprietà (potere di disposizione) effettivamente collettiva da parte dei produttori associati, dal lavoro direttivo fino alle più basse mansioni esecutive.

L’ultima fase della centralizzazione avrebbe insomma visto un rapporto tra un gruppo di proprietari di tipo finanziario, dediti ai vari imbrogli di cui parla Marx, ad esempio nel III libro de Il Capitale, quando parla delle società per azioni, e la gran massa dei “virtuosi†lavoratori produttivi associati in processi oggettivamente cooperativi. Il primo gruppo sociale, i rentier, i proprietari di azioni e “tagliatori di cedoleâ€, avrebbe perso ogni funzione di organizzatore della produzione che Marx attribuiva, pur in posizione subordinata rispetto a quella di proprietario dei mezzi produttivi, al capitalista. Il pluslavoro/plusvalore avrebbe assunto la mera figura dell’interesse, in qualche modo assimilabile alla (quasi) rendita, di tipo finanziario invece che terriero. Ci si ricordi di quanto Marx scrisse nelle Glosse a Wagner circa i capitalisti della prima fase che, spingendo in avanti, tramite la reciproca concorrenza, le innovazioni di processo, dunque l’aumento della produttività del lavoro e l’estrazione del plusvalore relativo, contribuivano a creare ciò che poi avrebbero prelevato in forma di plusvalore…

Il conflitto tra i rentier si sarebbe invece svolto per la distribuzione, e reciproca rapina, di un plusvalore già creato dal lavoratore collettivo, ormai autonomo nella sua funzione produttiva, un’autonomia che rendeva evidente il parassitismo dei (pochi) dominanti e avrebbe rivolto contro di loro l’intera società. Questi rentier, in quanto classe ormai ultraminoritaria ed esautorata di prestigio e autorità, si sarebbero difesi tramite lo Stato con i suoi strumenti repressivi e coercitivi, cioè lo Stato in senso marxista, mentre gli opportunisti cercano di contrabbandarlo per puro organo di amministrazione, dichiarando utopia quella di Marx e Lenin in merito alla sua progressiva estinzione qualora fosse in atto una reale transizione al comunismo…

 

La realizzazione del comunismo non è perciò affidato ad alcuna “buona volontà†(“cattocomunistaâ€) degli uomini, è qualcosa di obbligato per individui che, al di là del fatto che saranno, come sempre, buoni e cattivi, egoisti e generosi, attaccati alla materialità di tutti i giorni e dediti a slanci idealistici, ecc., [sai cosa ci fai con l’unificazione delle rivendicazioni di tutti i movimenti di emancipazione civile, sociale, ambientale, internazionali e intersezionali: anti-razzisti, transfemministi, “lgbtqiapk+â€, per i rifugiati e gli immigrati, per i diritti digitali, per una stampa libera e indipendente, per l’abolizione della censura, per la libertà di pensiero, di riunione, di associazione, di protesta, per la giustizia climatica. Mettere in comune coi bisogni dei diversamente abili, dei malati, delle persone con disagio psichico, dei bambini e degli anziani?]svolgono ormai le funzioni che li caratterizzano nell’ambito della produzione e riproduzione delle basi materiali della loro vita associata in forma necessariamente cooperativa, pur essendo alcuni dirigenti e altri diretti. Gli individui, come sempre, possono amare, odiare, gioire, soffrire, essere aggressivi, caritatevoli e via dicendo, non possono però esimersi, per come sono ormai organizzate socialmente le forze produttive in sviluppo, sempre più accelerato una volta rotto il paralizzante involucro dei rapporti capitalistici della proprietà privata, e per la struttura cooperativa dei processi di lavoro, dal più alto ruolo manageriale all’ultimo ruolo esecutivo, dal procedere ineluttabilmente verso la forma della proprietà collettiva e del rapporto sociale comunistico. Il vecchio resiste e tenta di opporsi, le mort saisit le vif, e bisogna liberarsene con metodi rudi, di una nuova organizzazione della produzione sociale ottenuta con mezzi su cui esiste ormai il potere di disposizione da parte dei produttori, pur se questi non rappresentano immediatamente una collettività coesa e solo collaborativa, ma esistono gerarchie, tipologie diverse di ruoli e funzioni, direttive ed esecutive con svariate gradazioni dalle une alle altre, agonismi e conflitti di interessi, quelle che Mao chiamerà più tardi contraddizioni all’interno del popolo, ecc.

 

Questa la visione di Marx, che non ha nulla di utopico, è una previsione scientifica formulata in base all’indagine di un dato modo di produzione, già giunto a un notevole grado di sviluppo, in Inghilterra. Fondarsi su altri principi, dell’ordine della speranza o della “buona volontàâ€, ecc., è pura resa al sogno, alla sfrenata immaginazione desiderante. È il nulla dei “comunisti†odierni, religiosi, che provocano solo rigetto…

 

La dinamica capitalistica [però] non è quella teorizzata da Marx. La funzione del capitalista non si riduce al solo aspetto finanziario, mentre quella organizzativa si sposterebbe all’interno del lavoro salariato nella figura del più volte nominato operaio combinato. Questo secondo movimento si è in effetti prodotto, tanto da aver dato adito alla formulazione burnhamiana della rivoluzione manageriale, che è risultata comunque troppo semplicistica. I manager, i dirigenti della produzione, e pure gli agenti innovativi, non sono però mai entrati a far parte di alcun organismo lavorativo cooperativo. Essi sono assai più vicini, come ruolo, a quelli che Lenin chiamò specialisti borghesi, di cui la classe operaia, ridotta alle pure “tute bluâ€, sarebbe stata obbligata a servirsi, ma di cui non si sarebbe mai dovuta fidare, la permanenza di uno Stato, di “dittatura proletariaâ€, in semplice estinzione graduale, serviva fra l’altro al controllo di questo infido strato sociale, necessario alla produzione, ma considerato assai più vicino alla proprietà che al lavoro salariato…

Lo sviluppo capitalistico su scala mondiale, avvenuto a sbalzi per grandi fasi storiche, non ha per nulla comportato la formazione del rapporto tra gruppo di rentier e lavoratore collettivo, prodromo e condizione di possibilità, per Marx, anzi di necessità, del passaggio al comunismo, ha invece creato, mediante conflitti tra gruppi di agenti strategici capitalistici, una serie di nazioni-potenze in lotta per la supremazia globale. Dalle crepe apertesi in questa lotta sono passate le rivoluzioni “comunisteâ€, rifluite e sconfitte dappertutto dopo la prima guerra mondiale salvo che in Russia, ma poi riprese con il secondo conflitto mondiale, convinte di poter creare un “qualcosa†che invece, dopo un lungo percorso storico secolare, si è rivelato essere del tutto diverso dal supposto e agognato. Fra l’altro, e questo è problema decisivo, le diverse nazioni-potenze non sembrano affatto delle mere specificazioni di un unico e omologato modo di produzione capitalistico in espansione mondiale come previsto da Marx. Le forme generali dell’impresa e del mercato non possono nascondere tonalità, coloriture assai diverse, su cui esistono al massimo molti studi con annotazioni empiriche, ma nessuna trattazione teorica appena un po’ più generale, e ciò è estremamente grave, soprattutto per una corretta prassi politica…

 

Il conflitto “di classeâ€, scaduto in ogni paese divenuto compiutamente capitalistico a mera lotta per la distribuzione del reddito e per il miglioramento delle condizioni di vita e di lavoro di vari raggruppamenti sociali, che solo la pigrizia mentale dei “marxisti†si è ostinata a ritenere ancora classi, è stato via via sopravanzato da quello esistente tra queste nazioni-potenze, perfino quando una di esse, gli USA, ha preso il sopravvento, ora in discussione…

 

Per concludere, siamo in grado di individuare, nel movimento specifico della società capitalistica, e si dovrebbe anche porre la domanda, esiste un solo capitalismo, un modo di produrre tipico del capitale in ogni dove, la formazione di elementi che poi, in una eventuale e solo possibile loro concatenazione riproduttiva, configurerebbero un modo di produzione cooperativo, basato sulla proprietà sociale dei mezzi produttivi, che rappresenterebbe allora il nocciolo strutturale interno di una formazione sociale comunista, o tendente al comunismo? Già questa domanda fa giustizia di tutte le aberranti farneticazioni dei filosofi “umanitari†che immaginano un comunismo della “buona volontàâ€, del desiderio di “uomini pii e giustiâ€. Illusioni estremamente pericolose quando incontrano giovani ancora inesperti e pieni zeppi di idealismi fumosi…

 

In linea generale, di principio, aderisco alla tesi che il meccanismo riproduttivo di un nuovo rapporto, caratterizzante una nuova formazione sociale, non nasca all’interno di una precedente forma di società [qui l’errore interpretativo di Marx ma che non ha nulla a che vedere coi farfugliamenti di una presunta scienza dell’utopia, smettetela di giocare con le parole e fate i professori sul serio], che dunque quest’ultima non porti già nel suo grembo la nuova, da far nascere tagliando al massimo il cordone ombelicale che la lega ancora alla vecchia. La rivoluzione sarebbe allora questo taglio, che riguarderebbe in particolare lo Stato, e gli apparati ideologici di Stato, in quanto ultimo baluardo a difesa delle classi dominanti della vecchia formazione sociale. Sempre tenendo realisticamente presente che tali classi dominanti, e il loro Stato, non hanno funzioni soltanto egemoniche in senso culturale, bensì sono protette dallo scudo coercitivo e repressivo rappresentato dai “distaccamenti speciali di uomini in armiâ€. Per cui, in nessun caso comunque, è sufficiente la conquista di una maggioranza parlamentare, e nemmeno la penetrazione capillare nei vari organi di informazione e diffusione culturale, che sono sempre permeati da specifiche ideologie.

Se non si forma, all’interno della vecchia società, l’embrione del nuovo rapporto già pronto nella concatenazione riproduttiva dei suoi elementi componenti, è evidente che, pur nell’apparenza della continuità della storia umana, si deve in realtà verificare una interruzione, che è interruzione della riproduzione del vecchio rapporto secondo la sua specifica “legalitàâ€. Si presenta, insomma, pur nella continuazione della storia, una singolarità, un punto di svolta che è tuttavia, in un primo tempo, solo potenziale. Nella singolarità possono essere però presenti alcuni elementi, questi sì, evidentemente creatisi all’interno della vecchia società, che sono in grado, una volta incontratisi e concatenatisi fra loro, di dar vita a una nuova formazione sociale, caratterizzata da una differente “legalitàâ€, cioè dalla riproduzione di un nuovo rapporto, di una nuova struttura di rapporti. È appunto l’incontro di tali elementi a non avere alcun carattere di necessità storica, ma solo di possibilità, di cui nemmeno è calcolabile la probabilità statistica.

Aderisco a tesi del genere, ma queste non dicono nulla circa la sussistenza di elementi che, formatisi all’interno della società capitalistica attuale, potrebbero incontrarsi e concatenarsi fra loro in un meccanismo riproduttivo del tipo comunistico, o meglio di transizione al comunismo. Piaccia o non piaccia ai “comunisti del sentimentoâ€, alcuni elementi sono fondamentali per pensare l’innesco riproduttivo di nuovi rapporti sociali, costituenti la struttura di una formazione sociale che si ponga in marcia verso il comunismo. E questi elementi non sono in fondo diversi da quelli che aveva pensato Marx, non è certo su questo punto che egli si è ingannato…

È intanto evidente che debbono porsi le basi per il superamento della produzione di merci, non però obbligato da una presunta pianificazione promanante d’imperio da un organo statale, incapace, in effetti, di effettuare adeguati calcoli che sono ineliminabili in una prima fase, almeno fino a quando non fluiscano copiosi i beni per soddisfare ogni e qualsiasi bisogno, bensì consentito dalla crescita del processo di socializzazione delle forze produttive e dalla stretta interconnessione tra i vari settori produttivi, in un certo senso resa necessaria dalla socializzazione in questione. La produzione di merci non è negativa per la sedicente alienazione umana, questa è già improbabile nella produzione mercantile semplice, figuriamoci in quella capitalistica, che è la vera e generale produzione di merci. Quest’ultima comporta però l’accanita competizione interimprenditoriale e i processi, sociali, non solo economici, della centralizzazione. Parlare di socialismo di mercato è un’autentica contraddizione in termini. È quel “proudhonismo†contro cui Marx scrisse più di una volta, qui mi limito a due righe, cap. 22 del primo libro de Il Capitale, in nota, “si ammiri la furberia del Proudhon che vuole abolire la proprietà capitalistica facendo valere di contro ad essa… le eterne leggi della produzione di merciâ€.

Pensate a chi propone già da qualche decennio, dopo la disfatta del “socialismo realeâ€, il socialismo di mercato, è incredibile che il pensiero torni indietro di due secoli, ai socialisti premarxisti. Certuni straparlano di alienazione e pensano magari che con la “buona volontà†degli uomini “giustiâ€, che sarebbero loro, questa si possa combattere e sconfiggere, lasciando invece intatta la capitalistica produzione di merci, che è quel che interessa coloro contro cui fingono di battersi. No, uno degli elementi per la formazione, sia pure potenziale, di un nuovo rapporto in direzione del comunismo, è una tale socializzazione della produzione da creare elementi di possibilità, conveniente, riguardo all’interrelazione diretta ed equilibrata tra i vari settori produttivi. Ma non basta, anzi è del tutto insufficiente.

L’elemento decisivo di una prospettiva di cooperazione, che è la condizione di base, necessaria anche se magari non sufficiente, della possibile, non inevitabile, formazione di un rapporto comunistico in grado di autoriprodursi, è il costituirsi dei due elementi chiave di detta cooperazione, a) uno strato di dirigenti capaci di organizzare e dirigere, innovando, i processi della produzione sociale, in grado di soddisfare bisogni crescenti e sempre più ricchi e variegati, b) gruppi sociali, interni alla produzione stessa, fra loro coordinati, di cui interessa non la mera estrazione di pluslavoro, che non cade nella disponibilità del precedente strato, ma resta affidato a una distribuzione per usi sociali decisa da organi “amministrativi†non coercitivi, bensì la crescita di competenze e spirito di iniziativa.

Il comunismo non dovrebbe essere solo un modo di produzione, ma deve essere anche questo, dovrebbe rappresentare il “nocciolo strutturale interno†della nuova formazione sociale, la sua innervatura fondamentale, il rapporto decisivo, e caratterizzante l’intera società, in effettiva riproduzione. Come il processo del modo sociale di produrre capitalistico riproduce, a ogni ciclo, da una parte la proprietà capitalistica, aumentata del plusvalore, e dall’altra la forza lavoro sempre venduta quale merce, così il modo di produrre sociale comunista dovrebbe riprodurre gli elementi a) e b) sopra considerati, consolidandosi e allargandosi così a ogni ciclo.

Ora dopo questo serio ragionamento, a cui ci si sta disabituando purtroppo, parlateci pure di inutili tendenze che con queste ci siamo fatti l’idea di una certa insopprimibile e sciocca tendenziosità, utile a chi la sostiene ma non a tutti.


Articolo del Sat, 18 Apr 2026 06:27:22 +0000
a cura di G. P.

agorà

Gli scherzi d’un diario apocrifo, di O. M. Schena

Di tanto in tanto mi capita di provare a mettere un po’ d’ordine nella mia libreria ed è così che mi sono ritrovato tra le mani il diario apocrifo di Prospero Gallinari.  È un regalo di mia figlia Rossana, che porta la data dell’11 giugno 2013! Un libricino che ignoravo d’avere! A mia scusante posso solo dire che mai Rossana in tutti questi anni mi ha chiesto se quel libricino mi fosse piaciuto. Naturalmente, visto il tempo passato, non mi è sembrato strano di trovare le parole del libretto umide e appiccicose, ma questo potrebbe anche essere uno scherzo dell’inconscio, il quale può permettersi il lusso di compiere slittamenti da un significato all’altro. In ogni caso mi viene da pensare, con il libretto tra le mani, che per cancellare le opalescenze del tempo ci vorrebbero refoli davvero robusti, ma chissà se mai riuscirebbero a liberare il reale da ogni opalescenza lasciata dai giorni e dalle notti.

 

IL DIARIO APOCRIFO-DI PROSPERO GALLINARI

“HO SENTITO   ALDO MORO CHE PIANGEVA –EDMOND DANTES “

INTRODUZIONE-PROSPERO GALLINARI

PROSPERO GALLINARI non era un uomo di lettere. Veniva dai campi ed era un rivoluzionario combattente, in nome del proletariato comunista. Proprio a lui toccò il compito tra il 16 marzo e il 9 maggio 1978 di far da carceriere ad Aldo Moro, sequestrato dalle Brigate rosse dopo lo sterminio dei cinque uomini della sua scorta. Prospero Gallinari tenne un diario della sua irripetibile esperienza in un appartamento di Roma: appunti e annotazioni, spesso farciti di svarioni grammaticali e di errori di ortografia. Venuti in possesso del documento, mi sono limitato, per così dire, a dargli una veste letteraria, rispettando scrupolosamente la sostanza del contenuto.

Edmond Dantes

La verità è che noi, rivoluzionari comunisti, non siamo dei killer. Non siamo nati sicari. Abbiamo imparato a usare le armi nel momento in cui abbiamo capito che soltanto la rivolta armata poteva liberare le masse proletarie da un’oppressione che dura da trent’anni. Per le cinque persone che abbiamo lasciato sulla strada non provo compassione. Sapevano quello che facevano. La propaganda del regime li sta già dipingendo come eroi innocenti vittime della ferocia altrui. Ma di cosa vanno blaterando, questi servi dello stato imperialista delle multinazionali? Gli uomini che sono morti in via Fani combattono una guerra, esattamente come noi brigatisti. La morte è un evento naturale, se vai in guerra. Noi brigatisti siamo in guerra. Le forze della controrivoluzione sono in guerra. Subito dopo l’assalto in via Fani c’era un’atmosfera sospesa. Appena hanno taciuto le armi, si sentivano solo le nostre voci. Dovevamo estrarre Moro dalla macchina. Lo volevamo vivo. È vivo. Adesso sta a qualche metro da me, rinchiuso nella prigione che abbiamo allestito all’interno dell’appartamento che ci ospita. “Presidente, ha capito chi siamo?â€

Moro ha risposto con un filo di voce: “ sì, voi siete le Brigate Rosseâ€. A questo punto Mario ha detto che noi due ce ne saremmo andati dal cunicolo, per  permettergli di cambiarsi. Sul letto avevamo preparato i pantaloni di una tuta e una camicia. Naturalmente tutti gli effetti personali del Presidente, quello che portava con sé, li abbiamo requisiti noi. Uscendo, Mario ha  parlato ancora. Adesso cerchi di riposare, Presidente. È stata una giornata brutta per tutti. Ci vedremo domani. Moro è rimasto zitto. Mario ha buttato giù un po’ di appunti. Dobbiamo ispezionare il contenuto delle bozze di Moro che abbiamo preso dalla sua macchina. Domani, quando avremo modo di parlare un po’, Mario gli chiederà tutto quello che c’è da sapere sulla sua salute, le medicine, cosa preferisce mangiare. Io e Germano dobbiamo occuparci della sicurezza dell’appartamento. Abbiamo anche stabilito che l’interrogatorio del presidente non inizierà prima di lunedì. Ora dobbiamo occuparci della comunicazione. Bisogna scrivere il primo comunicato, per fortuna è un compito che spetta a Mario. E dobbiamo anche fare una foto a Moro sotto la nostra bandiera. Ci sarà anche per dimostrare che il presidente è vivo. In TV dicono che potrebbe essere rimasto gravemente ferito nello scontro, ma basterebbe usare un po’ di saggezza contadina: avessimo voluto uccidere il presidente lo avremmo fatto lì, in via Fani! Il regime intanto sta  mobilitando i suoi strumenti di persuasione. Non dobbiamo sottovalutarli. In TV mostrano spettacoli agghiaccianti: le bamdiere del PCI e della CGIL nelle piazze regalate alla democrazia cristiana! Chissà come la prenderanno gli operai della Fiat o dell’Ansaldo, i compagni che da decenni aspettavano il momento della insurrezione. Ora che arriva, grazie alle Brigate rosse, i berlingueriani si schierano con Andreotti e Zaccagnini!

Ho anche visto in TV le facce dei criminali al governo. Andreotti, Forlani, Fanfani. Mosche impazzite in una bottiglia. Sono atterriti, non si aspettavano che potessimo arrivare a tanto, non ci hanno creduto quando abbiamo annunciato che era nostra intenzione colpire il cuore dello stato, questo stato putrido che loro hanno massacrato con la fredda crudeltà di chi si sente intoccabile. Ma da oggi lo sanno. Sanno che non ci sono più intoccabili. Non fin quando la vittoria delle brigate rosse non sarà completa. Mario ci ha chiesto da quale domanda partiremo, nella conversazione con Moro.  Lui si è preparato leggendo alcuni libri sulla storia della Repubblica,  dal 1946 in poi. Una traccia dell’interrogatorio è stata concordata con i compagni delle colonne. Ma da dove cominciare? Io ho suggerito di partire da piazza Fontana. Non c’è dubbio alcuno, per un combattente rivoluzionario, sulla matrice di quella strage del 1969. Fu una strage voluta dallo stato perpetrata da ignobili galoppini del potere per frenare le faticose conquiste operaie. Noi lo sapremo, ora abbiamo la possibilità di inchiodare Moro e il regime alle loro turpi responsabilità. Mario pensa sia una buona idea, sebbene non sia tanto sicuro della disponibilità a collaborare del presidente.

Noi siamo rivoluzionari. Noi siamo meglio di questa gente. Ho risposto il più in fretta possibile. Ma ho risposto. Ho detto al presidente che gli uomini della sua scorta erano tutti morti Punto. Non ho aggiunto altro. Credo di aver detto,  per la precisione: “No, non si è salvato nessunoâ€. E ho voltato di nuovo le spalle, piegandomi sulle ginocchia  per andarmene da lì. Ed è stato allora, mentre mi infilavo nel buco per rientrare nell’appartamento, che l’ho sentito. Ho sentito Aldo Moro che piangeva.

28 marzo 1978

Visto Mario in serata. È tornato dopo il confronto con i compagni. È stata presa la decisione che considero la migliore. Domani, in allegato al comunicato n.3, diffonderemo la fotocopia della lettera manoscritta di Moro, indirizzata al ministro degli sbirri Cossiga. Il presidente, nella versione che abbiamo scelto, scrive a Cossiga

, qui riassumo, che è nell’interesse di tutti arrivare alla sua liberazione attraverso uno scambio di prigionieri. “tutti i compagni delle colonne†ha detto Mario,  “ritengono che  le  Brigate rosse non possano nascondere al popolo ciò che i malfattori di regime vorrebbero restasse segretoâ€. Germano ha ribadito la sua diversa opinione. Secondo lui, agendo così facciamo un torto inutile al prigioniero, che ha scritto in un certo modo supponendo che il testo fosse privato e confidenziale. E inoltre ci bruciamo l’opportunità di un negoziato nella discrezione, che le circostanze potrebbero rendere necessario anche per noi. Io voglio bene a Germano, ma ha torto marcio.

29 marzo 1978

Solo in serata abbiamo divulgato ai mezzi d’informazione il comunicato n. 3,  al quale abbiamo allegato la fotocopia del manoscritto dl presidente, il suo testo indirizzato a Cossiga. In precedenza, utilizzando i contatti che Moro aveva indicato a Mario, avevamo fatto pervenire suoi messaggi personali alla famiglia e a un suo collaboratore, insieme alla lettera da consegnare al ministero degli interni. In questo modo il capo degli sbirri dovrebbe aver ricevuto il documento prima dei giornalisti e delle televisioni. In tv,  a tarda ora, hanno letto ripetutamente il testo del presidente. Le reazioni mi sembravano molto negative, era difficile immaginarsi altro da gente prezzolata del regime.

30 marzo 1978

Il presidente ha rifiutato il cibo. Il vassoio è tornato indietro intatto. Moro è furioso con Mario.  Quando gli ha portato un paio di giornali di oggi, con stampato il testo della lettera a Cossiga, il presidente si è risentito. Mario mi ha raccontato che la sua reazione è stata, per la prima volta da quando è nostro prigioniero, quasi isterica. Dice il presidente che le brigate rosse hanno volutamente fatto saltare l’ipotesi di qualunque negoziato per uno scambio di prigionieri, mettendo in piazza il suo scritto al ministero degli interni. Come fate a non capire, ha proseguito Moro, che dando pubblicità alla mia proposta di trattativa avete obbligato il ministero a una posizione di chiusura? Se il vostro scopo era promuovere un negoziato, avete scelto la via che lo impedisce, perché dare pubblicità alla mia lettera porta Cossiga e l’intera DC a irrigidirsi. Se invece, ha conluso il presidente, lo scambio dei prigionieri non vi interessa, allora non lasciatemi credere che ho il diritto di scrivere a chi voglio. Fate quello che avete in mente di fare.

3 Aprile 1978

Ho ascoltato il nastro dell’ultima conversazione di Mario e Moro. Il presidente non si dà pace per l’atteggiamento della DC. Trova inspiegabile la totale chiusura manifestata da tutti i suoi vecchi complici “Loro ha spiegato, sanno benissimo che nella letterta a Cossiga ho sostenuto le posizioni che avevo espresso, a proposito di sequestri di persona, quando ero un uomo libero, anche nei giorni del sequestro Sossiâ€, sostiene il presidente, “avevo fatto conoscere la mia opinione non sfavorevole ad unoscambio di prigionieri. Quindi†conclude, “la DC oggi può rifiutare la mia tesi ma è disumano il tentativo di attribuirmi, la follia, il delirioâ€un’altra cosa “Moro contesta lo fa sin dal primo interrogatorio di Mario la nostra convinzione che la DC sia un blocco monolitico al servizio di interessi oscuri, in opposizione alle legittime richieste popolari. Lui dice che invece il suo partito è stato sempre ricco di contrapposizioni interne anche molto aspre, difficili ogni volta da ricondurre a sintesi, a unità. Proprio per questo dice il rifiuto corale della sua proposta di negoziato con le brigate rosse  è incomprensibile, tanto da spingerlo a sospettare che ci sia una pesaante interferenza estera, o degli americani o dei tedeschi. Se è così siamo al riconoscimento da prte del presidente della nostra teoria sullo stato imperialista delle multinazionali. Chissà se se ne rende conto.

21 APRILE 1978

Scrivo queste righe all’ora della colazione. Se tutto è andato bene nella consegna, dovrebbe essere pervenuta in vaticano una lettera che il presidente ha indirizzato al papa. Ne aaveva già scritta un’altra per lui, se non ricordo male un paio di settimane fa, ma non è mai uscita dall’appartamento, perché abbiamo considerato troppo pericoloso attivare un contatto con il Vaticano. Questa volta prendiamo il rischio. Avevamo pensato di allegarla al comunicato n. 7, quello distribuito ieri. Ma Mario ha accettato la richiesta di Moro: non abbiamo dato pubblicità al testo. Io avrei preferito rendere pubblico il documento, anche se mi rendo conto delle ragioni di Mario. In una situazione che ci appare senza sbocchi, forse sollecitare in modo riservato l’intervento di Paolo VI può aprire un’alternativa. La lettera al papa è stata preparata dal presidente quando lo abbiamo informato della provocazione del governo, la menzognaa del 18 aprile. È arrivato alla stesura definitiva dopo una dozzina di tentativi. Credo che il presidente abbiaa limato il testo parola per parola. Secondo quanto Moro ha detto a Mario,e ormai evidente che il regime considera chiusa la partita e dunque solo un intervento di un’autorità esterna può sbloccare la cosa. In ogni caso deve essere chiaro, come mario ha ribadito al presidente, che alle Brigate rosse non interessa una trattativa con il papa. Se il papa vuole slavare Moro, deve convincere la DC e scendere a patti con le BR.

22 APRILE 1978

“A questo punto,  è finitaâ€. Sono le parole che il presidente ha detto a Mario quando ha potuto leggere l’appello che il papa ci ha rivolto. È una lettera alle Brigate rosse. Un atto pubblico, diffuso dal Vaticano tramite il suo giornsale e la sua radio. Già questa è una stranezza, persino per uno come me che non conosce i meccanismi del potere, delle diplomazie. Moro aveva mandato a Paolo VI un messaggio personale e noi ne avevamo conservato la segretezza, rinunciando al nostro principio di non nascondere nulla al popolo. Invece il papa risponde in pubblico. Qualcosa non va.  Oppure è tutto sin troppo chiaro, come il presidente ha spiegato a Mario. Non esiste la volontà di aprire un dialogo con noi per la liberazione dei prigionieri politici, per uno scambio che restituirebbe Moro alla sua famiglia. Il presidente si sbagliava, se sperava che il suo amico Montini si sarebbe mosso per forzare il regime a cambiare linea. È accaduto esattamente il contrario. Mi ha detto Mario che il presidente ha avuto una crisi di sconforto, quando ha finito di leggere l’appello del papa. Era prostrato. Ha  spiegato a Mario ciò che Mario aveva intuito subito. Se Paolo VI ci chiede di liberare Moro senza condizioni, letteralmente, senza condizioni, allora significa che è rassegnato, anche il papa, a una soluzione traumatica. E di questo Moro non riesce a darsi pace. Io non ho mai creduto granché in questa via. Nemmeno vedo questa differenza tra chiesa e stato, dai tempi di Mussolini la chiesa si è sempre schierata con il potere, coi fascisti prima e coi democristiani poi. Da quando abbiamo catturato il presidente, andiamo sostenendo una posizione chiarissima, noi brigatisti. Primo:  non ci saranno trattative segrete,  qualunque soluzione dovrà essere negoziata alla luce del sole,  gli inganni e i sotterfugi non appartengono a noi rivoluzionari combattenti. Secondo: chi vuole Moro libero deve pagare un prezzo politico, perché la nostra battaglia contro lo stato imperialista delle multinazionali è politica, non abbiamo catturato Moro per incassare un riscatto fatto di quattrini. E il papa ci raccomanda, invece, di  liberarlo gratis. O non ha capito niente o non hanno voluto che capisse.

1 maggio 1978

Oggi, per la prima volta da quando siamo chiusi in questo apparaamento,  ho avuto paura di non riuscire a portare a termine l’operazione. Il primo maggio è la festa dei lavoratori. Nella mia memoria, fin dall’infanzia, è stata una ricorrenza particolare.  Forse l’unica che davvero ho sentito mia, perché considero il 25 aprile, il giorno della liberazione, una truffa del potere ai danni della veraa resistenza, che è stata ignobilmente tradita. Stamattina Laura non doveva uscire non doveva uscire per andare in ufficio, però è scesa per andare a comprare i giornali. Li leggo con poca attenzione: sin dal 17 il marzo, giorno successivp alla cattura del presidente, mi sono reso conto che il regime si era blindato, l’informazione è a senso unico, non hanno mai pubblicato una riga sul sostegno che sappiamo di avere, noi brigatisti, nelle fabbriche del nord, nelle grandi aree operaie. Quando Laura è tornata aveva una faccia spaventatissima. Ha detto a me e a Germano che in mezzo al viale sostava una macchina della polizia, con i lampeggianti. Temeva, con ragione, che fosse in atto uno dei sistematici rastrellamenti che gli sbirri stanno attuando in tutta Roma. Lo sappiamo perché in televisione hanno suonato la grancassa sulle azioni di parata di polizia e carabinieri. Laura ha sentito gente del suo ufficio che ha raccontato di aver subito perquisizioni in casa. Nell’appartamento ci siamo sempre sentiti ragionevolmernte al sicuro. A parte Mario,che va e viene , ma è molto prudente negli spostamenti,  da cui si muove soltanto Laura, fa fa una vita da brava impiegata, niente che possa attrarre l’attenzione. Ma adesso sono in mezzzo alla strada. A 100 metri da noi. “cosa facciamo?†ha chiesto lei. Teoricamente, il responsabile deella prigione sono io.  Non che mi senta un generale e poi Germano sarebbe il mio unico sottoposto. Ho risposto: “applichiamo le procedure che abbiamo studiato, ora io entro nel cubicolo e mi sistemo accanto al presidente, Germano resta in cucina con la pistola a portata di mano mentre Laura aspetta che  suonino il campanelloâ€. Non penso fosse una grande forma di organizzazione. Comunque, gli ordini sono precisi. In caso di assedio all’appartamento ci dobbiamo barricare e chiedere di poter lasciare il locale insieme a Moro. In caso invece di assalto a fuoco, ci difenderemo con le armi e comunque non permetteremmo alle teste di cuoio del regime di liberare il presidente. Sarebbe, per le Brigate rosse, una disfatta politica e militare. Ma era in ogni caso una situazione intrisa di pericoli. Meno male che Laura è stata più lucida di me. Quando si è accorta che gli sbirri erano davvero entrati nel condominio, ha deciso da sola cosa fare. Io non ero in grado di fermarla, perché ero entrato nella prigione. Mi sono avvicinato al presidente. Era seduto sul letto, intento a scrivere come fa quasi sempre. Avevo il passamontagna. È rimasto sorpreso  nel vedermi, da lui entra sempre Mario, in più di un mese avrà notato la mia sagoma si e no quattro volte. Ho estratto la pistola, gli ho chiuso la bocca con una mana e ho mormorato: presidente, lei stia tranquillo e vedrà che non capiterà nulla. ma mi sono accorto che la mia voce tremava. Come mi sarei comportato, se gli sbirri avessero  sopraffatto i compagni e si fossero diretti verso il cubicolo? lo avrei ucciso?   A sangue freddo? Sì credo che lo avrei fatto. Per fortuna , una trovata di Laura ci ha tolto dall’imbarazzo. Ha indossato un soprabito ed è uscita dall’appartamento, andando incontro ai poliziotti che stavano salendo le scale. Con aria agitata, ha chiesto loro se sapessero la via più rapida per raggiungere il policlinico Gemelli: la avevevano appena avvisata che una carissima amica aveva avuto un brutto incidente. Ha funzionato.  Lo so per esperienza: in Italia, se racconti una bella a proposito di ospedali e feriti, la gente ti crede così, i poliziotti le hanno dato l’informazione richiesta e naturalmente, vista l’agitazione della padrona di casa,  non hanno voluto controllare l’appartamento. In quei lunghi minuti, io sentivo il respiro affannoso del presidente. Avevo paura io, aveva paura lui. Solo quando, dopo un po’, dall’esterno della prigione Germano mi ha detto che se n’erano andati, ho tolto la mano dalla bocca di Aldo Moro. Ho avuto la sensazione che il sollievo fosse comune, mio e suo. Domani, quando torna Mario, devo chiedergli se possiamo  continuare a fidarci della sicurezza di questo appartamento.

 

ORONZO MARIO SCHENA

 17 aprile 2026


Articolo del Fri, 17 Apr 2026 16:17:52 +0000
a cura di G. P.

agorà

Dio non sta con i prepotenti?

Lungi da me fare una lezione di teologia, non ne ho gli strumenti e nemmeno la voglia. Ma il Signore, che è anche quello degli eserciti, almeno quello veterotestamentario, Dominus Deus Sabaoth, non disdegna la guerra. E nella guerra c’è chi vince e c’è chi perde, addossando a chi soccombe l’onta del male, vero o meno che sia, perché male e bene sono due punti di vista, si può fare il male inseguendo il bene e il bene attraverso il male.

Dio è violento, difatti si parla di punizioni divine, e certo anche misericordioso, ma bisogna capire con chi, perché non abbiamo controprove in questo regno terreno. E chi conquista si perdona e si assolve da sé. Ma se Dio ci fosse, e personalmente lo nego, appiccicherebbe al muro senz’altro i falsi e gli idioti che non vedono come è costruito il mondo che lui ha voluto. Guerre e distruzioni sono all’ordine del giorno e rappresentano il dato principale, quello del potere che si afferma attraverso i conflitti e che genera i più larghi cambiamenti. E questi hanno come scopo finale quello di ottenere una certa prevalenza, in ogni ambito della vita. Nella guerra gli uomini si ingegnano e dopo la guerra quelle scoperte diventano progressi civili. Attraverso questa prevalenza si possono fare tante cose, anche nobili o edificanti per l’umanità o almeno per una sua parte. La prepotenza è dunque una superiorità acquisita nella lotta per l’affermazione di proprie idee e di una visione (ritenuta migliore di quella dell’altro), che devono servire a portare il mondo nella direzione voluta o verso qualcosa che ci assomigli.

Dunque, sì, il mondo è prepotente, lo è sempre stato e continuerà ad esserlo a meno di mutamenti astrali e antropologici che non si sono per ora avverati. Se Dio esiste ha costruito questo mondo di prepotenze, dunque a sua immagine, dico prepotenze perché tutta la storia è un mutamento di rapporti di forza. Questo è essenzialmente quello che è alla base della vita, anche se ci piace raccontarcela diversamente, per la buona volontà delle persone che incontriamo, che sono capaci di grandi slanci di umanità e che, in alcune fasi, possono essere anche quelli di intere comunità. Ma la guerra, a varie frequenze e modulazioni, arriva sempre e non si spegne mai, perché c’è sempre una prepotenza da contrastare, altre che emergono per scalzarla, anche con tutte le buone intenzioni di cui sono lastricate le vie dell’inferno.

La verità è che il conflitto fa molto male, ci si ferisce, ci si uccide, ci si umilia, ma ha poco a che fare col male in senso religioso o morale. È un dato ineliminabile, e tutta la storia che ci sta dietro lo dimostra, quella del mondo animale e dunque anche umano (siamo anche noi animali, nemmeno così speciali), a un livello però per noi molto più ‘sopraffino’ perché, in quanto esseri massimamente sociali (non è una professione di superiorità ma mera constatazione) siamo portatori di rapporti sociali, attori agiti da questi, senza equivalenti nel regno animale. Dio, se ci fosse, colui che ha generato un universo del genere non saprebbe nemmeno il significato dell’affermazione ‘stare con i prepotenti o con i non prepotenti’. C’è la prepotenza e tutto quel che ne discende.

La vita è conflitto, e come diceva La Grassa, e tanti altri pensatori, mangia altra vita, non pietre. Dunque, la vitalità deve compiere certi atti che non sono nemmeno interpretabili come prepotenza ma che lo sono di fatto, perché si viene sospinti dal conflitto ad arrivare prima su qualcosa che altrimenti altri prenderebbero o ci toglierebbero. E così dobbiamo fare agli altri, prima di loro, quello che loro farebbero a noi. Allora Dio non sta con i prepotenti, sta in ogni caso solo e soltanto con sé stesso, che è ogni cosa, riflesso di tutto ciò che vediamo in questo mondo. Meglio dire starebbe, per me infatti Dio non è. Comunque nel mondo da lui creato, in cui per vivere non possiamo fare altro che lottare per la vita, suggendo sangue fresco, sottoponendo gli altri a un processo che ci trasferisce linfa vitale di cui abbiamo bisogno, non si può fare diversamente, esattamente come un ragno non può rifiutarsi di intrappolare una mosca nella sua tela, pappandosela poco a poco, preoccupandosi di non ucciderla subito per non farla rinsecchire, allungando le sofferenze di quelle e il suo nutrimento.

Pensate che un ragno sia cattivo? O che sia cattivo chi difende certe sue prerogative acquisite che qualcun altro vorrebbe strappargli con la scusa di un mondo migliore, magari il suo mondo migliore?. Il mondo è largo ma non abbastanza, evidentemente, così ci è stato dato o lo abbiamo trovato. Per questo alla fine Dio direbbe solamente vae victis. Forse. Del resto il sapiens ha già compiuto molte di queste imprese efferate anche verso razze a lui affini e, quando ha finito con loro, ha dimostrato che quella stessa aggressività non era tanto discriminante, cosicché ci ha messo pochissimo a randellare – e sono sicuro avvenisse persino in contemporanea alla lotta per l’esistenza verso terzi e l’ambiente – anche quelli della sua stessa specie.

Ma ora si dice che ci siamo evoluti. E da quando? Andate a raccontarla a tutti quei popoli che ancora oggi, e solo ieri e già domani, sono stati, vengono e saranno sterminati, noi inclusi al nostro turno. A chi mi dice che noi abbiamo la ragione e potremmo fare diversamente grazie al logos e alla logica rispondo che queste sono aggravanti che ci rendono molto più efficaci in tutto, soprattutto nel modo di prevalere. E Dio in tutto ciò? Non sta con i prepotenti ma sta nella stessa prepotenza, come in tante altre cose di questa terra.


Articolo del Wed, 15 Apr 2026 14:52:07 +0000
a cura di G. P.

agorà

Idoli orripilanti occhieggiano dal cielo, ma trattasi solo di semplici ombre…, di O.M. Schena

Idoli orripilanti occhieggiano dal cielo, ma trattasi solo di semplici ombre…

forse allucinazioni

 

Tratto da Gyorgy Lukacs (scritti sul realismo volume primo Einaudi Ed.)

Ancora più attuale e per molti aspetti più interessante è la confessione di Albert Camus su Rogert Martin du Gard nella prefazione alle sue opere. Egli parla di uno spessore di una tridimensionalità nei suoi scritti che, come egli dice, sono diventati alquanto insoliti nella letteratura contemporanea. La nostra produzione, nella misura in cui ha valore potrebbe richiamarsi a Dostoevskij piuttosto che a Tolstoj. Sono ombre appassionate o ispirate che commentano gesticolando una riflessione sul destino. Ed egli paragona acutamente le giovani donne dei Demoni di Dostoevskij con la Natascia Rostova di Tolstoj: “è la stessa differenza che tra una figura al cinema e un eroe a teatro: più anima e meno corpoâ€. Non è qui il caso di esaminare più da vicino le osservazioni spesso assai fini di Camus su Dostoevskij e Kafka. Il contrasto fra i due modi di rappresentazione è delineato con un autentico sforzo di giustizia; Camus non dimentica nemmeno di avvertire che lo stesso Dostoevskij dà altro e di più dei suoi successori, che hanno ereditato da lui solo questa inconsistenza di ombre.

Questa generosa confessione è per noi tanto più preziosa in quanto la produzione dello stesso Camus – certo non in senso tecnico, ma nell’essenza della sua concezione letteraria complessiva – appartiene in tutto e per tutto a questo regno delle ombre. Poiché per quanto suggestiva sia, per esempio la sua descrizione della peste, soprattutto come atmosfera della convivenza fatalmente imposta agli uomini, come figura allegorica della condition humaine, per quanto interessanti e stimolanti siano i problemi morali che scaturiscono da questa stasi che si conserva nel continuo mutamento, gli uomini che li esprimono restano (secondo la sua propria definizione) semplici ombre, che commentano più o meno appassionatamente, più o meno rassegnatamente il proprio destino. Non è la parsimonia stilistica – molto sapiente e coerentemente mantenuta – che li condanna a questa esistenza di ombre, ma anche qui la mancanza di prospettiva: la loro vita non conosce alcun donde e alcun dove alcuna mobilità interna, alcun autentico sviluppo umano. La peste – già questa impostazione poetica è estremamente significativa – non è una disgrazia accidentale, un episodio spaventoso e appunto perciò una tappa nella continuità della vita umana: essa non continua alcun passato e non conduce in alcun futuro; è la terribile realtà dell’esistenza umana in generale, che solo apparentemente comincia in qualche posto e solo apparentemente in qualche posto finisce. L’ammirazione di Camus per la concretezza della creazione dei tipi di Roger Martin du Gard su cui lui scrive in questa prefazione tante cose interessanti, è così significativa proprio perché contiene in forma inespressa ma chiara una profonda autocritica della propria prassi e della problematicità artistica dei suoi fondamenti.

Queste (apparenti) digressioni ci portano notevolmente più vicino alla concretizzazione del problema della prospettiva nella letteratura. Ma dobbiamo fare ancora un altro passo in questa direzione, il passo decisivo: per lo scrittore dell’ultimo secolo una concreta presa di posizione verso il dove della vita umana è impossibile senza una presa di posizione verso il socialismo.

 

E leggere queste parole davanti al gruppone di quelle facce di tola della compagine governativa che sgonnellano ad ogni passo, ma in realtà sono circa 4 anni che danno in tinche e ceci, anche se bisognerebbe dare a Cesare quel che è di Cesare! Tutta quanta l’allegra compagnia fa finta di non vedere e di non sapere che l’Italia è in guerra, con buona pace del ministro Crosetto che pare sia stato colpito dal “mal blancoâ€!

Ma attenzione governanti, attenzione ai sogni di gloria e di potere. E, soprattutto, attenzione al «mal blanco», che può avvolgere le sue vittime in un candore luminoso simile a un mare di latte. Perché quel «mal blanco», quella cecità dovuta a una malattia sconosciuta, a quell’epidemia che colpisce il Paese descritto da José Saramago nel romanzo “Cecitàâ€, rappresentano la notte dell’etica.

Se i governi coinvolti, e gli alti comandi non fossero stati tanto incapaci di prevedere l’inutilità dei conflitti, e pure così tanto ottusi e cinici, la guerra la si sarebbe potuta-dovuta fermare molto prima … ancor prima del primo scoppio. Insomma, a ben vedere, ma anche a mal vedere, in quel tempo della notte dell’etica c’è davvero un bel mucchio di “brava genteâ€, che sbava per la guerra, c’è tanta “brava gente†da poter indicare con tanto di nome e cognome:

tutti quanti i governanti tutti in fila, a sbeffeggiare con lo sguardo grifagno il popolo incredulo, tutti in fila senza neppure un tovagliolo dopo essersi unti il grifo per ore, per giorni, per settimane, per mesi, per anni!

Compiere questa trasformazione sociale e umana nel rapporto con se stessi, con gli altri uomini e con il mondo è certo un compito difficile e complicato, ma – proprio ai nostri giorni – pienamente realizzabile. I presupposti, umani intellettuali e morali a ciò necessari non sono certo da poco. Poiché è un fatto che nichilismo e cinismo, disperazione, angoscia e sfiducia, disprezzo, disprezzo di sé e altri simili affetti germogliano spontaneamente dalla situazione sociale di ampi strati intellettuali nel capitalismo contemporaneo. Molte tendenze educative influenti attraverso la scuola e la vita operano ugualmente in questo senso; per esempio il pregiudizio che il pessimismo sia spiritualmente più aristocratico, più degno dell’élite, di qualsiasi fede nel progresso dell’umanità, che l’uomo singolo – proprio in  questa sua appartenenza all’élite – sia impotente di fronte alla fatalità di eventi senza senso- e senza direzione, che la voce delle masse – la “massificazione†– possa annunciare solo sciagure e così via. La stampa volgare come quella high brow danno in maggioranza il loro contributo alla continuazione della guerra fredda presentando come indegna di un intellettuale pensante del nostro tempo ogni presa di posizione sul mondo, sul pensiero e sull’arte, che non sia cinico-mistica, cioè d’avanguardia. Una conversione al realismo nell’arte, alla sobria considerazione delle possibilità di una coesistenza dei popoli, per non parlare nemmeno di giustizia verso il comunismo (ciò che non implica affatto un’adesione ad esso), può fare molto facilmente di uno scrittore un outcast nell’ambiente dei suoi colleghi e di coloro che decidono della sua sorte materiale. Se voci del genere si sono levate già nel caso di Sartre, quali pericoli debbono minacciare scrittori più giovani e meno protetti dalla fama internazionale!

Tutto ciò e molto altro ancora è un fatto. Ma non si dimentichi che oggi le tendenze opposte esistono, e anzi si rafforzano. Lo scrittore che-, per questo aspetto, si rende conto dei suoi veri interessi, i quali convergono con quelli del suo popolo e di tutta l’umanità, e quindi va contro corrente, non è più solo, almeno non necessariamente. Quanto più va avanti, quanto più decisa è la sua svolta, tanto minore è il suo isolamento, poiché tanto più facilmente può collegarsi alle tendenze decisive del tempo, che prima o poi saranno anche dominanti… almeno così si spera!

Il periodo della preparazione del fascismo e del suo dominio e anche quello della guerra fredda sono stati sfavorevoli all’esplicazione del realismo critico. Tuttavia esso non è scomparso neppure allora, non ha potuto essere eliminato né dal terrore fisico né dalla pressione intellettuale. Esso si è sempre opposto alla guerra, sia fredda che calda e alla distruzione della cultura, e in questa lotta ha conseguito importanti successi artistici. Oggi il superamento incipiente della guerra fredda e la prospettiva di una pacifica coesistenza e convivenza dei popoli allargano sostanzialmente lo spazio reale per una letteratura borghese realistica schiettamente critica e di alto livello. Il dilemma di oggi non è la scelta tra capitalismo e socialismo, ma quella fra guerra o pace, e il compito ideologico immediato dell’intellettuale borghese è il superamento dell’angoscia permanente e universalizzata del terrore fatalistico, al quale non si contrappone la realizzazione immediata del socialismo, ma l’autodifesa dell’umanità; proprio per questo lo scrittore borghese può rispondere più facilmente di ieri in senso positivo al proprio dilemma: Franz Kafka o Thomas Mann? Decadenza artisticamente interessante o realismo critico veritiero?

Intanto in Senato, si  assiste ad uno scambio di “complimenti†tra il capogruppo di FdI e Roberto Scarpinato, Federico Cafiero De Raho, ma è noto a tutti che la Presidente Meloni ami, tanto, ma proprio tanto, richiamarsi a Paolo Borsellino tutte le volte che può, di giorno come di notte, dunque sempre! Siamo sommersi da una maniacale festa inventiva, da una fiera di menzogne!

 

ORONZO MARIO SCHENA

13 APRILE 2026


Articolo del Mon, 13 Apr 2026 10:14:42 +0000
a cura di G. P.

agorà

En la jaula de la OTAN, Carlos X Blanco

Europa está atrapada en una red de control yanqui que se disfraza de protección. La OTAN nunca fue creada para defender a Europa de Rusia, sino para vigilar y someter a los europeos, impidiendo cualquier intento de soberanía real. Las bases militares en Rota, Sigonella, Ramstein y decenas de enclaves más son jaulas, no escudos sigue https://infoposta.com.ar/notas/14710/en-la-jaula-de-la-otan/


Articolo del Sun, 12 Apr 2026 05:34:25 +0000
a cura di G. P.

analisi teorica e storica

Tutta la verità, nient’altro che la verità

Ciao a tutte e a tutti, compagne e compagni, camerate e camerati, cittadine e cittadini

 

C’è sempre qualcuno che sa la verità, come se la verità, se davvero esistesse, avesse bisogno di qualcuno per manifestarsi, laddove sarebbe già evidente a tutti. Quindi tutti saprebbero la verità e non ci sarebbe nessuno a rivelarla. Ma l’unica verità verosimile è che non esiste la verità, e i fatti, anche quelli più evidenti, necessitano sempre di un’interpretazione soggettiva che immancabilmente i più cialtroni tra i “veritieri†devono ammantare di oggettività, chiaramente solo a parole. Quando la verità esiste è evidente a tutti, ma è anche qualcosa che serve a poco. Per esempio, quando si ha davanti un tavolo e si afferma, al cospetto di altri presenti, che il tavolo è davanti a me. Nessuno, a meno che non sia pazzo, potrebbe contestare l’affermazione se si trova nelle condizioni di vedere il tavolo. Allora questa è sicuramente una verità, ma a che serve? A nulla, se non a descrivere una scena particolare. Quindi la verità, anche quando è vera, non ha grandi implicazioni nel mondo. Persino le cosiddette verità scientifiche sono in realtà acquisizioni provvisorie. Figuriamoci quando si debbono leggere i fatti, interpretando situazioni che si affastellano, tanto storicamente quanto attualmente o futuribilmente. Infatti i fatti non esistono checché ne scrivano i giornalisti.

Ad esempio arriva Pinco Pallo, parlamentare o professore, e dice che in Russia o in Cina ci sono dittature sanguinarie, mentre in Occidente c’è la democrazia e la pace, elementi di cui siamo persino grandi esportatori a suon di bombe. Ovviamente qualcun altro dirà l’esatto contrario, affermando che l’Occidente uccide a più non posso in ogni dove e i Paesi che lo avversano vogliono invece stabilire relazioni stabili e paritarie tra i popoli. Chi ha ragione? Nessuno, sostanzialmente, perché chi prima, chi dopo e chi ora si è trovato a interpretare il ruolo dell’aguzzino, del paciere o del riformatore, a seconda di quella che era la sua forza o il suo slancio politico. Indubitabilmente oggi abbiamo maggiore ragione di affermare che americani e loro alleati sono dei farabutti, perché per decenni si sono trovati in posizione di dominanza e hanno randellato a destra e a manca, soprattutto i più deboli e indifesi. Per questo, e solo per questo, ci auguriamo che le dosi di morti ammazzati e di mazzate brutali si ridistribuiscano equamente, affinché non siano sempre gli stessi a soffrire e magari meno numerosi in uno stesso posto. E questo è quel che più si avvicina alla giustizia nel mondo che, come la verità, non esiste, esiste la possibilità di fare in modo che l’ingiustizia non vada a depositarsi sempre negli stessi luoghi.

Peraltro, quando troppo potere si è concentrato per molti decenni in un punto solo o poco esteso, sono troppi gli scontenti e bisogna fare in modo che, se non tutti possano essere sereni e tranquilli, un po’ di inquietudine cominci a spargersi ovunque, in modo che ci si pensi bene prima di commettere eccessi. E di eccessi la nostra epoca ne ha vissuti abbastanza, soprattutto a danno di popoli che ora hanno rialzato, fortunatamente, la testa. Buon per loro, ovviamente, mentre non si sa ancora per noi. Sappiamo che i conflitti sono inevitabili tra esseri viventi che sono vivi per quello, altrimenti sarebbero morti – soltanto chi è morto sta in pace per sempre – e ancor di più tra esseri umani che sono trascinati da un flusso conflittuale inarrestabile che assume diverse gradazioni, fino a giungere ad alcune deflagrazioni più forti di altre.

Per quanto gli esseri umani si impegnino per la pace, molti anche in buona fede, soprattutto quando quella pace procura loro dei vantaggi maggiori rispetto ad altri, lo scontro in ogni caso arriva, perché le ragioni tra persone, popoli e Paesi hanno angoli di visuale diversi. Lo stesso ragionamento vale anche per molti di quei pregiudizi che fanno sentire migliori le società cosiddette aperte, dove libertà, dialogo, diritti diventano irrinunciabili soprattutto quando sono svuotati di senso e sono meri formalismi inutili per cui si è liberi di essere e fare i fessi, di dialogare del più e del meno e parlarsi addosso, di pretendere ciò che non serve o è inessenziale come se fosse l’ultima battaglia per il progresso. Anche qui possiamo individuare tanti coglionazzi che ogni tanto provano a spiegarci che bombardare l’Iran serve per liberare le ragazze e i ragazzi che vogliono vestirsi all’occidentale o avere la Coca Cola sugli scaffali dei supermercati.

Ricordo quando il poeta Edoardo Sanguineti fu travolto dalle polemiche per aver detto sulla rivolta di Tienanmen, “Una cosa è certa, quelli erano veramente dei ragazzi, poveretti, sedotti da mitologie occidentali, un poco come quelli che esultarono quando cadde il Muro, ma insomma volevano la Coca Colaâ€. Oggi si potrebbe dire la medesima cosa di quelli iraniani che, in minima parte fortunatamente, hanno contestato il regime per quelle liceità, che sono un cuneo del nemico nelle loro coscienze, per cercare di destabilizzare il loro Paese e fiaccarlo dall’interno, mentre delle sagge classi dirigenti (ho detto sagge il che non esclude che siano anche criminali, anzi spesso le due situazioni si sostengono) stanno accumulando quella potenza necessaria che impedirà di essere invasi, occupati e derubati in cambio della Coca cola.

Magari, quando saranno più al sicuro, esattamente come la Cina, dopo tanti sacrifici, avranno la possibilità di fare quello che vogliono, anche di andare loro a conquistare terre lontane portando e imponendo la loro visione del mondo e i loro costumi. Non esistono infatti buoni e cattivi in assoluto, ma alternativamente, se vogliamo, che è quello che consente alla storia di non finire mai. E anche pensando a noi, con grande onestà, dobbiamo dire che i nostri pregiudizi e il nostro etnocentrismo, al quale abbiamo dato il nome di civiltà, da secoli, alla quale sono appunto appese quelle sottocategorie che chiamiamo libertà, parità, democrazia, diritti e altro bla bla bla, forse molto presto saranno reinterpretati dai nostri caporioni che vorranno mandarci in guerra. Allora scopriremo che la libertà era fino a un certo punto e fucileranno chi si rifiuterà di arruolarsi, la parità era fino a un certo punto e gli uomini dovranno andare al fronte e le donne, almeno quelle che non spareranno, dovranno sacrificarsi per la patria in altre maniere, la democrazia era fino a un certo punto e in tempi di guerra né si vota né si discutono gli ordini, che i diritti erano fino a un certo punto perché in tempi di guerra l’individuo e i suoi figli appartengono allo stato.

Facendo un ragionamento ancora più estremo, se domani sparisse la democrazia questo non farebbe smettere il dialogo e lo scontro su come e da chi dovrebbero essere prese le decisioni, queste si prenderebbero comunque e probabilmente contro i dominati, come avviene in democrazia, se dovesse sparire la parola libertà e il suo concetto non per questo non potremmo vivere una condizione simile, carica di analoga ideologia. E la stessa libertà già ora viene intesa diversamente alle varie latitudini umane, a seconda di come piace a ciascuno e a insiemi più grandi di uomini e donne.

Se dovessero sparire i diritti civili e quelli sociali, non significa che nulla potrà sostituirli, e se questo possa essere meglio o peggio non è dato sapere. Per secoli e millenni i nostri avi hanno fatto a meno di ciò che oggi riteniamo indispensabile e che magari a loro avrebbe fatto ridere o piangere. I contemporanei sono portati a pensare di essere il punto di arrivo delle epoche storiche precedenti, che qualsiasi miglioramento sia progressivo e pensano persino di ipotecare il futuro degli esseri umani che verranno con impegni che prendono oggi e che sono sicuro le prossime generazioni stracceranno. Faranno benissimo, perché anche loro vedranno le cose a modo che converrà in quel momento, e non come noi le vogliamo incanalare.

È possibile che non sapranno che farsene della libertà di pensiero, se pensiero non se ne produce già da tempo, e allora troveranno qualcosa che si addica di più ai loro gusti. Aboliranno il logos e lo sostituiranno con qualche altra stranezza.

L’unica cosa certa è che dovranno lottare, lottare sempre, esattamente come noi, a un’intensità che dipenderà dagli eventi e dai risvolti della loro èra. E chi vincerà picchierà e infierirà sui perdenti, e dirà anche di farlo nel loro interesse, perché vorrà indurli a un miglioramento che loro non capiscono ma capisce bene chi lo impone. Su questo la storia si ripete e non porta tante sorprese, anche se è sempre sorprendente in alcuni suoi esiti.


Articolo del Sat, 11 Apr 2026 18:56:32 +0000
a cura di G. P.

agorà

Guerra en Irán: una señal para Europa, traducción Carlos X Blanco

 

Empecemos con una primera consideración esencial: ¿cómo podríamos resumir en pocas palabras la agresión de Estados Unidos e Israel contra Irán? Por ejemplo, quos vult Iuppiter perder, dementat prius. Los latinos decían que Dios ciega a quienes quiere perder. Sin embargo, no podemos creer que los estadounidenses e israelíes ignoraran que Irán ya no es el país que fue hace tanto tiempo, ciertamente valiente y resistente incluso en la época del conflicto con Irak, pero entonces incapaz de hacer frente a la principal superpotencia mundial y su principal aliado en Oriente Medio. En aquellos días, de hecho, pero hoy lo parece. Sigue


Articolo del Thu, 09 Apr 2026 18:59:43 +0000
a cura di G. P.

analisi di fase attualità

Guerra in Iran: segnale all’Europa

https://sovereignty.com.br/security-defense/war-in-iran-signal-to-europe/

 

Partiamo da una prima considerazione essenziale, come potremmo riassumere in poche parole l’aggressione di Usa e Israele all’Iran? Per esempio, quos vult Iuppiter perdere, dementat prius. I latini dicevano che Dio acceca coloro che vuole perdere. Non possiamo credere tuttavia che americani e israeliani non sapessero che l’Iran non è più quel paese di tanto tempo fa, certamente valoroso e resiliente già all’epoca del conflitto con l’Iraq, ma allora non in grado di tenere testa alla prima superpotenza mondiale e al suo principale alleato in Medio Oriente. A quei tempi, appunto, ma oggi pare di sì.

Noi però, che abbiamo studiato sui libri della grande scuola realista italiana, da Machiavelli fino a Mosca, Pareto e Michels, non cadiamo nella scorciatoia della pazzia o in quella dell’avventatezza quando parliamo di Trump (Usa) e Israele (Netanyahu), che non solo hanno eserciti preparati ma anche apparati di intelligence efficienti. Almeno noi non accetteremo questa idea, perché il potere, nessun potere, si fonda sui singoli e sulle loro decisioni, ma è sempre un processo che perdura indipendentemente dai suoi terminali soggettivi, e determinate decisioni non dipendono dagli umori di pochi individui, anche se sono pur sempre circoli ristretti ad assumersi le responsabilità delle scelte.

Una ragione potrebbe essere quella di cui scrive Machiavelli, spesso si iniziano battaglie per testare l’effettivo potenziale dei nemici e per prepararsi alla guerra vera e propria in un secondo momento, anche non così vicino. Se c’era qualche perplessità sulla reale consistenza dell’Iran, ora Usa e Israele sanno che questa è una potenza regionale in grado di difendersi e di farlo bene, tanto da essere stata capace di attaccare le basi statunitensi nel Golfo. L’Iran sta tenendo testa a israeliani e americani, quasi sicuramente con l’assistenza di cinesi e russi, anzi direi indubitabilmente, e ora gli aggressori sanno che dovranno cambiare strategia per preservare la loro egemonia in Medio Oriente. Dovrà cambiare anche l’approccio americano sia verso Israele, perché non basta più un solo cavallo per presidiare la zona, sia verso le petromonarchie, le quali sentiranno il peso dell’insicurezza dopo gli attacchi subiti.

E non si creda nemmeno, scioccamente, che gli Usa si siano imbarcati in quella che ormai si può definire una disavventura di guerra perché trascinati dagli israeliani. Anche questo è un luogo comune, non è mai la coda che muove il cane, anche se il cane può assecondare la coda se trova qualche interesse a farlo. Diciamo che le pressioni delle lobby israeliane hanno avuto il loro ruolo, ma questo è senz’altro subordinato agli obiettivi degli americani, che ritengono l’area essenziale per contenere e contendersi l’egemonia con potenze che stanno raggiungendo i loro livelli, e ciò riflette in questo momento “l’escalation†del multipolarismo a causa del relativo declino americano che sguarnisce alcuni fronti sensibili.

Man mano che le cosiddette potenze revisionistiche, i poli principali che per il momento indichiamo in Cina e Russia (ma dietro queste cresce anche l’India insieme ad altre nazioni in cerca di protagonismo in altre aree), continueranno a rafforzarsi a danno degli americani, anche quando riterranno conveniente giungere a patti temporanei, questi conflitti cresceranno soprattutto per interposti paesi e nei quadranti geopolitici dove gli Stati Uniti sono più presenti, mentre il continente americano resterà uno spazio strategicamente più protetto e difficilmente penetrabile dai rivali, come dire il ponte d’oro da lasciare al nemico che un giorno si ritirerà dal mondo. L’instabilità nell’area mediorientale potrebbe presto estendersi anche a paesi del Mediterraneo che oggi si sentono al sicuro, alcuni perché membri dell’Ue, e proseguirà fino a che queste potenze in accumulo di proiezione strategica, dopo aver fissato le loro postazioni, non giungeranno a uno scontro diretto. Ma per questo ci vorrà ancora del tempo.

Una breve parentesi, il controllo del Medio Oriente non è solo una questione di stretti dove passano le navi che trasportano petrolio, e nemmeno di economia tout court. Spesso le questioni egemoniche vengono interpretate troppo limitatamente come una questione di soldi e affari. Qui l’economia non è il punto, per quanto resti importante. Piuttosto, le crisi che discendono e discenderanno ancora da questi scenari nascondono aspetti molto più sostanziali. È la perdita di potenza del centro regolatore (gli Usa) che genera gli effetti economici negativi e non viceversa.

Ci si scordano alcuni episodi della storia che invece è utile ripercorrere. Qui riprenderò quelle che sono state le tesi del mio maestro, l’economista Gianfranco La Grassa, recentemente scomparso. Prendiamo la cosiddetta grande stagnazione di fine Ottocento. Quella situazione era effetto di uno scoordinamento geopolitico che si riverberava sull’economia e che più tardi avrebbe portato ai grandi conflitti del Novecento. Anche allora c’erano paesi che crescevano economicamente nel declino di tanti altri, ma con ritmi nettamente inferiori a quelli del trentennio precedente. Ed eravamo in piena seconda rivoluzione industriale, elettricità, chimica, in specie in Germania, e, un po’ più tardi, il motore a scoppio che diede vita a quel settore successivamente facente parte del cosiddetto metalmeccanico, creatore della gran parte dei mezzi bellici usati nelle guerre novecentesche, in cui si sviluppò l’organizzazione lavorativa passata alla storia come taylorismo-fordismo, che alcuni teorici e storici considerarono, ed è storia più recente, la causa principale della vittoria degli Usa nella seconda guerra mondiale.

Queste tesi, sempre semplicistiche, del tipo di quelle più recenti ossessionate dall’onnipotenza della finanza, confondono, tra l’altro, quella che era correttamente considerata, ad esempio un secolo fa da Hilferding e Lenin, l’intreccio, “simbiosi†per Lenin, tra banca e industria, con il semplice capitale in forma liquida o facilmente così trasformabile.

Tornando a quella più lontana crisi, ricordiamo che pure allora l’intenso sviluppo tecnologico (oggi pensiamo alle nuove frontiere aperte dall’AI ma non solo) creò gravi difficoltà nell’occupazione della forza-lavoro e rese obsolete molte capacità lavorative, già fortemente investite e anche azzerate dalla prima rivoluzione industriale (1760-1830/40), con distruzione dei saperi ancora artigianali in vigore nella manifattura, pur già capitalistica. Le crisi economiche, quelle tipiche del modo di produzione capitalistico, così differenti dalle carestie delle precedenti forme di società, sono sempre, con varie modalità, sintomo ed effetto della sempiterna lotta, acuta o meno acuta, per le sfere d’influenza. La Grassa suggeriva di non dimenticare queste fondamentali notizie storiche, a pena di non capire l’inevitabilità dell’acuirsi dei conflitti, estremamente confusi e con continui mutamenti di alleanze, conseguenza tipica del lento affermarsi di altre potenze che rendono impossibile una relativa regolazione del sistema globale da parte di una potenza predominante.

E concludeva, non ci sarà più nulla di regolato fino al prossimo, non ancora vicinissimo, scontro decisivo per una nuova supremazia. Ed è probabilmente quello che stiamo vedendo sotto i nostri occhi, seppur ancora non in tutti i suoi effetti. Se vogliamo fare dei paragoni, potremmo dire che oggi siamo vicini a una situazione simile a quella dei primi del Novecento, abbiamo già vissuto crisi finanziarie acute come quella del 2006-2008, che si sono scaricate sull’economia reale, poi anche fasi di piccole riprese e poi ancora ricadute, senza essere mai veramente usciti dalle difficoltà economiche globali. Questi sono i segnali che ci avviciniamo a questioni molto più serie che potrebbero deflagrare nei prossimi anni a livello militare e dunque geopolitico. E non dimentichiamo nemmeno che tra la I e la II guerra mondiale ci fu anche il 1929, la grande depressione, che fu effetto di un conflitto per la predominanza che non si era risolto nel 1914-1918 e ci volle una seconda guerra ancora più tragica nel 1939-45 per ripartire veramente. Ciò portò Churchill a parlare di un’unica guerra in due tappe, per arrivare alla vittoria di due sole potenze che si spartirono il mondo, ovvero Usa e Urss, con il “tramonto†dell’Inghilterra che era stata il perno dei precedenti equilibri.

Sarà la decantazione della situazione attuale che farà nascere un nuovo equilibrio mondiale ma solo dopo che si saranno definiti i reali rapporti di forza sul campo attraverso una o più guerre per la supremazia. Allora potrà nascere un nuovo centro di stabilizzazione che metterà anche ordine economico e imprimerà nuove regole per tutti.

Non ci dimentichiamo inoltre che il Medio Oriente è una regione cerniera tra Europa, Asia e Africa. Se in Asia i potenziali competitori degli Usa ormai abbondano (anche se mostrano legami e buone relazioni con Washington), se in Africa cinesi e russi creano scompiglio ed estendono i loro tentacoli, l’Europa è quell’area invece che gli Usa dominano più stabilmente e che probabilmente rappresenta uno degli spazi decisivi in cui questi difenderanno la loro egemonia, per quanto modificata possa uscire dalle prossime guerre.

E qui veniamo alla Nato, che è la struttura attraverso cui gli Stati Uniti esercitano la loro “influenza” militare in Europa. Dalle gabbie non si esce dall’interno se non abbattendole, le gabbie sono chiuse, le apre il padrone quando ha bisogno di qualcosa, a maggior ragione se occorre spremere risorse in momenti di difficoltà. La Nato è questa gabbia per l’Europa e dunque non finirà se non per volere statunitense, o potrà trasformarsi in qualcosa che gli americani ritengano più utile nella presente fase storica. L’Europa, per come è messa oggi, non potrà che subire qualsiasi decisione dal suo esterno.

La grande maggioranza dei membri della Nato si trova in Europa. Una parte consistente dei membri dell’Ue è nella Nato. Come emerso da documentazione storica, l’integrazione europea si è sviluppata su impulso americano nel quadro della strategia statunitense di contenimento dell’Urss, e dopo il collasso di questa gli obiettivi geopolitici americani hanno cambiato forma e denominazione senza però scomparire. Lo scopo della Nato, come degli Usa, è sempre il medesimo, “tenere gli americani dentro, i russi fuori e i tedeschi sottoâ€.

Le basi della Nato in Europa, a cui si sommano le basi americane, soprattutto in Germania e nel mio paese, l’Italia, sono parte di un dispositivo militare costruito nel secondo dopoguerra e poi ampliato, con nuove installazioni anche nei paesi dell’ex Patto di Varsavia e nei Balcani, come in Kosovo e così via, dopo l’implosione dell’Unione Sovietica. In questo modo gli Usa hanno consolidato una presenza militare capillare nel continente che noi chiamiamo alleanza atlantica, ma che alleanza non è. Se volessimo chiamare le cose con il loro nome dovremmo parlare di una forma di occupazione corazzata di ideologia.

Quando Trump dice agli europei che devono fare di più per la Nato non glielo sta chiedendo, glielo sta ordinando e, in buon ordine, se non si tratta solo di una spacconata alla Trump ma di una vera richiesta che viene dallo Stato americano, i leader europei possono solo cedere senza lamentarsi troppo. La Nato, per certi versi, mutatis mutandis, non funziona diversamente dalla Mafia, non si entra e non si esce facilmente e su autonoma disposizione. Pensate all’Ucraina e al prezzo che sta pagando per essere inclusa. Per uscirne, oggi come oggi, sarebbe anche peggio. Un caso particolare fu quello della Francia di De Gaulle, che nel 1966 uscì dalla struttura militare integrata, per poi rientrarvi decenni dopo con Sarkozy presidente. Ma quella fu tutt’altra storia e si rese possibile in un contesto di bipolarismo e del piede che la Russia aveva già nella Germania Est, si trattava di non complicare un quadro già difficile assicurandosi che Parigi non smottasse verso Est con qualche concessione osservata da molto vicino.Altri tempi.

Uscire dalla Nato dunque può essere un grosso rischio, non perché si resta scoperti contro i nemici ma perché gli Usa metterebbero in atto diverse manovre per evitarlo, da quelle soft a quelle più coercitive, tra cui colpi di Stato, rivoluzioni colorate ed anche aggressioni militari. Quindi la Nato, saldamente guidata dagli americani al di là dei formalismi, impone scelte difficilmente respingibili dagli alleati. Come direbbe Don Corleone, consigli che non si possono rifiutare. Intelligenti pauca.

Quindi gli europei faranno non ciò che dice Trump, che è solo un presidente americano che può sempre cambiare e non si sa quanto duri, ma quello che la potenza americana riterrà utile per i suoi interessi. Se si scioglie la Nato è solo perché gli americani non la considereranno più adeguata ai loro obiettivi e certo con ciò non si disimpegneranno dallo scenario europeo, ma cambieranno modalità di dominio.

Hanno in Europa basi e soldati, al di là della retorica dell’alleanza questa è una presenza militare strutturata, e da presidi di questo tipo ci si libera solo con forti cambiamenti negli equilibri di potenza, con guerre o rivoluzioni (nell’ordine riportato), per intenderci.

Ecco che qui vediamo quale può essere il vero impatto della guerra in Iran sull’Europa. L’aumento dei costi energetici è senz’altro uno di questi (ma non il principale), ma pesa molto dopo che l’Ue, per volontà degli Usa, si è messa ad armare l’Ucraina e a colpire, con le sanzioni, Mosca, colpendo anche e soprattutto sé stessa. Dicevo però, il vero impatto della guerra in Iran, al di là delle ricadute economiche, è tanto psicologico quanto militare.

Gli iraniani hanno colpito basi americane in varie aree del Medio Oriente. Se gli americani decidessero un giorno di attaccare altre potenze utilizzando le basi in Europa, a noi, nel vecchio continente, toccherebbero conseguenze devastanti. Le basi americane rispondono agli interessi strategici degli Stati Uniti non servono a difendere chi le “ospita”. Dopo l’Iran, questo elemento appare più evidente, e i leader europei si trovano di fronte a una crescente tensione tra immaginazione da sudditanza e realtà del processo storico. Soprattutto lo capiscono le opinioni pubbliche europee, che iniziano a vedere che il sogno americano può essere un brutto incubo. È la fine di un’ideologia durata decenni.

In secondo luogo, dal punto di vista militare, osserviamo che nella produzione di alcuni armamenti avanzati, come i sistemi missilistici, Russia e Cina hanno sviluppato capacità competitive e continueranno a farlo. L’Occidente non ha tutto il primato della tecnica e della tecnologia di guerra. Si apre quindi una fase più complessa per l’Europa, anche alla luce di oltre settant’anni di relativa stabilità.

I pericoli sono interni al sistema europeo che, svelata la sua vera ossatura, forgiata dagli Usa, potrebbe andare in frantumi. Nato o non Nato, gli americani non lasceranno l’Europa, anche a costo di avere ripensamenti sulla UE (potrebbero interferire per ridisegnarla a loro piacimento) e potrebbero anzi assumere atteggiamenti più assertivi, scaricando tutti i costi delle tensioni internazionali sugli alleati che alleati non sono ma sono satelliti inseriti in un’orbita egemonica ben precisa.

Allora si porrà con maggiore evidenza il tema della natura di questa presenza che è in verità una occupazione prolungata dei paesi europei, coperta dall’architettura comunitaria denominata Unione europea, costruita dagli americani non per il benessere dei popoli europei ma per le loro esigenze di dominio e controllo del Vecchio Continente.


Articolo del Wed, 08 Apr 2026 14:29:11 +0000
a cura di G. P.


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